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jueves, 4 de junio de 2009

Derechos Humanos y Democracia


Por Atilio Güerere


Como ya ha sido dicho desde la Filosofía, todos los derechos son humanos porque sólo el hombre es sujeto de derecho y deberes esto es, el ejercicio de los derechos está vinculado a la condición humana y, por extensión, los derechos humanos constituyen una guía fundamental para la construcción de las sociedades.

En nuestros tiempos, la garantía y ejercicio de los derechos humanos se encuentra existencialmente vinculada al ejercicio de la democracia. Dado que los derechos humanos abarcan tanto a los derechos de la persona física como a los derechos de la persona moral, no sólo los hechos de fuerza y de violencia alimentan la violación de estos derechos. Hay también formas sutiles o no violentas de atentar contra la condición humana, por ejemplo, cuando se pretende imponer una sola y excluyente visión de la vida y de la sociedad y para ello se utilizan los medios de comunicación al servicio del poder.

También se violan los derechos humanos cuando el pueblo elige a sus gobernantes en un proceso más o menos democráticos, pero no hay separación real de poderes y no existe Estado de Derecho, ni funcionan los mecanismos institucionales para proteger la libertad de expresión, de prensa, asamblea, religión y propiedad.

Debemos tener presente que en Democracia las elecciones no bastan si el sistema que ellas alimentan no protege la dignidad y la autonomía del hombre contra todo tipo de coerción, venga de donde venga: del Estado, de la iglesia o de la sociedad.

Desde esta perspectiva, es indisoluble la relación entre los valores éticos de la democracia y los derechos humanos. Por tanto, el primer valor ético de la democracia es la garantía, el respeto y el progresivo desarrollo de todos los derechos reconocidos. En otras palabras, el respeto de los derechos humanos constituye la esencia de la democracia y se debe atender con especial cuidado tanto a la persona individual como a la social.

Es por eso que debe existir un necesario equilibrio entre lo individual y lo social. Cuando el elemento individual se exagera de tal manera que desaparece la noción de un bien común para la sociedad, se producen injusticias, desigualdades y problemas de orden social. Cuando se exagera el aspecto social, es decir el interés de una sociedad que no toma en cuenta los derechos de las personas individuales, vienen las dictaduras. En el equilibrio de estas concepciones encontramos la justicia.

No se puede hablar de derechos humanos si éstos no son efectivos, si no están respaldados por garantías jurídicas, garantías previas que se ubican en la base de la estructura sociopolítica y jurídica del Estado. Por tanto, los derechos humanos no pueden desarrollarse si, finalmente, la separación de poderes, el sistema de tutela jurisdiccional, el debido proceso, la presunción de inocencia, el derecho a la defensa y el control político que debe ejercer el parlamento, se convierten en ficciones.

La protección de los derechos humanos en el orden interno implica la existencia de una tutela judicial efectiva a través de los recursos de habeas corpus y de amparo constitucional y ello exige la existencia de tribunales independientes e imparciales. En el orden externo, la salvaguarda de los derechos humanos no se explica si se incumplen, se desconocen o ignoran las obligaciones internacionales sobre esta materia.

Los derechos humanos surgieron como fundamento ético político de la lucha por la democracia en contra de la opresión. Es precisamente en democracia donde las violaciones de los derechos humanos se denuncian, se procesan y se castigan, y donde se garantiza a las organizaciones no gubernamentales y a los medios de comunicación la libertad para velar por esos derechos en un ambiente de transparencia, a diferencia de otros sistemas donde la mera denuncia genera persecución.

En otro sentido, ya nadie discute que los derechos humanos de ser un tema del dominio exclusivo de los Estados, se convirtieron en un asunto que nos concierne a todos los ciudadanos. Por tanto, hay una dimensión ciudadana de los derechos humanos que no debe descuidarse. De allí que no podemos ni debemos ser indiferentes ante situaciones de menoscabo los derechos humanos vengan de donde vengan.

Los derechos humanos son y han de ser algo más que libertades públicas. Constituyen el fundamento de un orden construido sobre las necesidades del hombre. Por tanto, el Estado debe ponerse al servicio de la sociedad y no al contrario.

Los derechos humanos corren peligro cuando se limitan los ámbitos individuales y sociales de libertad pero también cuando hay hambre, miseria y cuando se nos cierran las oportunidades y espacios para pensar distinto.

Es la persona, sujeto y objeto de la actividad política, el fin y la justificación de esta actividad, es decir, la política tiene o debe tener, por encima de todo, una finalidad ética, la de crear las condiciones para mejorar las relaciones entre los hombres y en ese sentido el respeto y promoción de los derechos humanos constituye la exigencia ética fundamental de todo el que desempeñe funciones públicas.



-- Profesor, M.Sc.Cronista oficioso de Puntarrecha Humanidades y EducaciónUniversidad de Los Andes